“El amigo de las chicas” y otros poemas

Fotograma de Chantal Goya, actriz francesa, de la película “Masculin Feminin: 15 Faits Precis”, de Jean-Luc Godard, 1966.

“El amigo de las chicas” y otros poemas

Héctor Acebo

Esa tierra con luz es cielo mío.

Blas de Otero

EL AMIGO DE LAS CHICAS

De pequeño pensé en hacerme poeta

—o, en su defecto, gay— para elogiar

la ternura y los meandros de las chicas.

Para descalzarlas, para darles un beso

en la mejilla y para decirles (una a una,

entre susurros):

Que descanses. Llámame

por la noche, si te destapas: no vayas a coger frío…

Pero ellas (no sé por qué) en seguida

me vieron como a un amigo…

Y más tarde,

cuando crecimos, comprobé (para mi daño)

que a la mayoría, más que ver lo que les gustaba,

les gustaba lo que veían, fuese lo que fuese.

Como el poeta ahí no tenía cabida,

acabé escribiendo poemas en el otro sentido:

Para decirles lo que les diría

y nunca pude —ni podré— decirles.

******************

UN AMOR DE FANTASÍA

A mi madre

Tantas veces recé para convertirme

en una niña, que ahora luzco

—como ella— lunares, sortijas

y un fular azul celeste

encima de la camisa.

A veces, nos acostábamos juntos,

y lo que más me gustaba era pedirle

(cuando la madrugada arreciaba)

un vaso de leche con cacao.

Bien calentito.

No éramos novios: Yo tenía

—de puntillas— 10 años;

y ella tal vez 30, recostada.

Aida se llamaba

aquel amor de fantasía.

******************

UNA DANZA DESCONOCIDA

Se ha encendido la alcoba:

entra sin hacer ruido.

Afuera deja sus escotes

y responsabilidades. Alba,

la estudiante de Traducción en Vigo,

mujer de sexo difícil,

la que se refugia en la ducha

(¿o en sí misma?) para no caer

en nuestra ignominia,

al salir, en vez de secarse los pies,

comienza

a bailar —descalza— una danza

hasta entonces inédita

que no alcanzo a silbar,

por mucho que la interiorice,

nunca.

******************

DESAFÍO

Se quejan los críticos cítricos

porque abuso del grado superlativo.

Ellos dicen que aquel cuerpo era pequeño,

pues no saben que en la cama crecía.

No, ninguno de ellos sería capaz de llevar

—como mi abuelo— los mismos calzoncillos

de lunes a domingo.

Siempre dicen

que he de buscar, cuando termine la carrera,

una mujer que me cuide y me comprenda:

¡qué atrevimiento! Pero tan sólo

yo sé que en aquel trasero nace el Eo…

Que pasa por A Pontenova, que se detiene

en Santiso y que desemboca

en el Mar de Sus Senos, formando

la ría de Ribadeo.

Se quejan los críticos cítricos

porque abuso del grado superlativo.

Pretenden que regrese a la Edad Media:

¿sería justo decir que aquellos muslos

solamente eran claros?

Cuando las lombrices

devoren sus nalgas,

acaso entienda ese empeño.

Mientras tanto…

¡ay, mientras…

TANTO!

Estos poemas están extraídos del primer libro de Héctor Acebo, Camas de hierba (Ediciones Vitruvio, 2011).

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