El catedrático de la Complutense, Jesús Fernández-Tresguerres, nuevo Presidente de la Federación Europea de Academias de Medicina

Madrid. Rafael Cordero Avilés. UIC-Gabinete de Comunicación UCM

El Dr. Fernández-Tresguerres en su despacho del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UCM .(Fotografía: Rafael Cordero Avilés)

Jesús Ángel Fernández-Tresguerres Hernández, académico de Número de la Real Academia  Nacional de Medicina (RANM) y catedrático de Fisiología y Endocrinología Experimental de la Universidad Complutense, desde 1990, ha sido elegido, nuevo Presidente de la Federación Europea de Academias de Medicina (FEAM) para los dos próximos años.

El nombramiento se produjo durante el encuentro que dicha Federación mantuvo, en la sede de la RANM, el primer fin de semana de mayo.

Miembro de distintas y prestigiosas sociedades científicas extranjeras y españolas, forma parte del Comité Internacional de Hormonas Esteroides y durante los últimos 15 años, se ha dedicado a estudiar el papel que desempeñan las hormonas en el proceso de envejecimiento.

El Dr. Fernández- Tresguerres que anteriormente ha venido desempeñando el cargo de vicepresidente de dicha Federación, considera que la misma debe continuar con su “proceso de acercamiento” a la Comisión Europea, por medio de sus propuestas, con el fin de tener mayor visibilidad: “Nos gustaría seguir siendo parte fundamental de las decisiones que toma en cuestiones relacionadas con la Medicina y la Salud Pública”, dijo. Aboga también por seguir asesorando a las naciones de la Unión Europea en materia de determinadas cuestiones sanitarias, relacionadas con los pacientes, como por ejemplo, en el caso de los ensayos clínicos, y con el compromiso de acercar la Federación Europea de Academias de Medicina a otras federaciones académicas europeas.

En relación con el cambio educativo auspiciado por la Declaración de Bolonia, Fernández -Tresguerres, declara que la “raíz del problema” está en que se ha intentado aplicar Bolonia, en el “momento más inoportuno”, en lo que a disponibilidad de recursos se refiere, por causa de la actual crisis económica. “Si el espacio docente único, exige más prácticas, menos alumnos y más profesores, quizás habría que haber esperado a tiempos mejores”; y concluyó asegurando que la excelencia académica que auspiciaba Bolonia, no se ha conseguido.

“Soy un ferviente defensor de la aplicación teórica de Bolonia, que es muy buena, pero soy un duro crítico de la Bolonia real”, terminó asegurando que aunque se pretendía la armonización de los estudios de Medicina dentro de Europa, hasta la fecha, lo que se ha conseguido, ha sido todo lo contrario.

Rafael Cordero Avilés es periodista, trabaja en el Gabinete de Comunicación de la UCM y fue alumno del MuiP. Es autor de un blog de divulgación cientifíca: El siglo de la ciencia viva:  http://elsiglodelacienciaviva.blogspot.com.es/

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La isla de Sajalín: la mirada como relato

La isla de Sajalín: la mirada como relato

Por María Jesús Casals

“La literatura se considera artística justamente porque dibuja la vida tal como es en realidad. Su objetivo es la verdad, una verdad incondicional, honesta… el escritor no es un confitero, un cosmético o un bufón: es un hombre obligado, comprometido por un contrato que ha firmado con su conciencia, con su deber…  ” 

A. Chéjov

CHÉJOV, Antón P., 2005: La isla de Sajalín. Trad., Introducción y Notas de Víctor Gallego Ballestero. Barcelona, Editorial Alba Clásica Mayor, 447 páginas

Antón Paulovich Chéjov (1860-1904) tenía 30 años y una tuberculosis pulmonar, era médico y ya un escritor cuando emprendió el viaje a la isla de Sajalín, un lugar situado en el extremo de Siberia, entre la península de Kamchatka y el archipiélago de Japón, en el mar de Ojotsk. Guarda la entrada de la desembocadura del río Amur. El fin del mundo. Uno de los infiernos gélidos e indomables de este planeta. Y por eso allí había un penal donde se deportaba a presos políticos y a los criminales reincidentes del imperio ruso.

Río Amur (Siberia)

Chéjov tardó casi tres meses en llegar a Sajalín cruzando toda Siberia. Y pasó en la isla otros tres meses y tres días visitando las cárceles, las colonias de los penados y de los carceleros, hablando con los seres humanos que fueron allí arrojados, explorando todo su territorio, y observando con una empatía lejana a ningún sentimiento de superioridad a las poblaciones nativas de ainos y guiliacos. Se detuvo también en las bellezas de la isla y en su tundra inhabitable, en su historia, en la flora y la fauna, en la orografía y en el clima. La isla de Sajalín no fue pensada como una obra literaria sino científica, analítica, de observación rigurosa, objetiva. Quiso ser la tesis doctoral para la culminación de los estudios de Medicina, algo que Chéjov no logró porque fue rechazada. Pero La isla de Sajalín ha sido mucho más que una tesis: ante todo es el gran testimonio con voluntad objetivista sobre una realidad que había que contar. Es decir, un gran reportaje. (Es magnífica la edición de esta obra por la editorial Alba y es exquisita la traducción de Víctor Gallego, así como su breve introducción y las excelentes notas).

La isla de Sajalín es la obra a la que Chéjov dedicó más tiempo y esfuerzo. Y puede ser que marcara de forma definitiva su carácter y alimentara su escepticismo (aunque yo preferiría hablar en el caso de Chéjov de auténtico estoicismo) y su compromiso con los más débiles. Puede ser que Sajalín fuera el germen de sus maravillosos relatos, el principio de su interés por observar al ser humano con buscada distancia, sin juzgarlo, mostrándolo.

La crítica que contiene La isla de Sajalín al sistema represivo del zarismo es la más efectiva que pudiera haberse realizado: por la técnica de la “mostración”, es decir, ese modo periodístico de hacer que el lector se olvide de quién le cuenta porque lo que importa es hacerle ver una realidad. El lector viaja virtualmente allí, a Sajalín, y escucha y ve a los condenados al infierno. Siente el frío y la desolación más inimaginables, la impiedad y la crueldad, la impotencia por las fugas fallidas, la tundra inhóspita, el martirio de los mosquitos, las enfermedades. Siente qué es la privación de alimento y la privación del calor y del afecto; comprende qué es eso de la capacidad de adaptación y supervivencia de los seres humanos, también la capacidad infinita de esperanza y de desesperanza. Comprende que las grandes palabras que alimentan lo que llamamos moral, ética o estética (verdad, belleza, amor, fraternidad, libertad…) no son más que construcciones culturales que se han podido realizar en óptimas condiciones; y que tienen escaso sentido cuando sólo queda la lucha por sobrevivir como sea.

Siempre he admirado a Antón Chéjov por su altura inalcanzable como escritor y como ser humano. Los personajes de sus relatos los he ido encontrando a lo largo de la vida. Y me ha enseñado a valorar por encima de todo ese distanciamiento leve, elegante, respetuoso, en su escritura. Chéjov me ha invitado a entrar en fragmentos de existencias ajenas, suavemente, diciéndome: “tuya es la conclusión. Yo sólo la muestro como puedo, lo mejor que puedo”.

He sido periodista y ahora enseño periodismo. Mi maestro Chéjov me recuerda que es inútil pontificar, teorizar en exceso. Muéstralo. Muestra el rigor: describe bien. Muestra lo que pasa: crea la escena. Muestra cómo son estos hombres y mujeres: obsérvalos, escúchalos. Explica contextos, brevemente, lo necesario, lo justo. Un detalle bien observado y descrito evita y suple cualquier clase de juicio, cualquier dosis sobrante de sentimentalismo. Evita el moralismo barato.

Por ejemplo, en Sajalín hay niños, pocos, porque Sajalín es la definición de lo evitable, de la vida como un imposible, es la obligación de la huida. Y Chéjov tiene que hablar de esos niños que viven en la desgracia más cruel. Elijo estos fragmentos precisamente porque la cuestión infantil es siempre una realidad sobrada de juicios de valor y de lamentaciones en muchos escritores y periodistas que tienen que abordarla. Son tres extractos del mismo capítulo, el XVII, titulado “Composición de la población por edad. La situación familiar de los exiliados. Matrimonios. Natalidad. Los niños de Sajalín”. Tres fragmentos diferentes para contar la realidad de estos niños de la isla de Sajalín:

“ Cada nuevo nacimiento es recibido con frialdad en la familia. Junto a la cuna no se cantan canciones, sólo se oyen amargos lamentos. Padres y madres dicen que no tienen con qué alimentar a sus hijos, que éstos no aprenderán nada bueno en Sajalín y que “lo mejor será que dios misericordioso se los llevara lo antes posible”. Si el niño llora o hace alguna travesura, se le grita con rabia: “¡Cállate o te mato!”. (P. 284)

“Al recorrer las isbas de Verjni Armudán, entré en una en la que no había ningún adulto. Sólo encontré a un niño de diez años, de cabellos rubios, cargado de espaldas, descalzo; su pálido rostro, cubierto de grandes pecas, parecía de mármol.

-¿Cuál es el patronímico de tu padre?

-No lo sé- me respondió.

-¿Cómo es posible? ¿Vives con tu padre y no sabes cómo se llama? Debería darte vergüenza.

-No es mi verdadero padre.

-¿Cómo que no es tu verdadero padre?

-Es el cohabitante de mi madre.

-¿Tu madre está casada o es viuda?

-Viuda. Vino aquí por su marido.

-¿A qué te refieres?

-Ella lo mató.

-¿Te acuerdas de tu padre?

-No. Soy ilegítimo. Mi madre me dio a luz en Kara (pp.285-286)

“Los niños de Sajalín son pálidos, delgados, indolentes. Van vestidos con harapos y siempre están hambrientos. Como el lector verá más adelante, mueren casi siempre de enfermedades intestinales. Viven acosados por el hambre; a veces, durante meses enteros sólo se alimentan de nabos o, en las familias más acomodadas, de pescado salado. Las bajas temperaturas y la humedad destruyen el organismo infantil, llevándolo a la extenuación, a una degeneración lenta de todos los tejidos” (p 286).

La objetividad. Aquí la tenemos no como disfraz sino como necesidad. Es objetivo todo lo que relata Chéjov: ofrece datos, detalles significativos, secuencias, descripciones. Ofrece un trabajo comprometido con la realidad. No juzga, no valora, el relato de lo que encuentra es suficiente. Y precisamente porque la realidad con la que se topa es demasiado áspera, Chéjov opta por desaparecer como sujeto narratario. Su trabajo es hacer ver, hacer comprender por las palabras que muestran, desnudas, como renunciando al estilo, pero logrando el estilo sublime de la mirada que relata fielmente lo que ve.

Chéjov no consideró su isla de Sajalín como obra literaria, sino como una investigación social. Al llegar a Sajalín llevaba una acreditación de periodista que le permitía hablar con los presos, excepto con los políticos. Aún así, se las arregló para visitarlos. Elaboró unas fichas con preguntas e hizo imprimir 10.000 copias. Visitó las cárceles y colonias de la isla y elaboró un censo de población. Investigó las condiciones de vida en la colonia penitenciaria: alimentación, la inhumanidad de las celdas, los trabajos de los colonos y presos, el estado de los hospitales, la actuación de carceleros y autoridades. Dedicó una atención muy especial a la situación de las mujeres, tanto de las presas como de las que llegaron a Sajalín siguiendo el destino de sus maridos condenados. Describió la descomposición de la vida familiar en las situaciones límites de la isla. Esta isla que explora, cuenta su historia y su realidad: se detiene allí para mirar también la dura existencia de los oriundos isleños, guiliacos y ainos, sin asomo alguno de superioridad.

Presos en Sajalin

Chéjov escribió la más valiente y dura acusación contra la tiranía brutal del gobierno zarista. Relata Víctor Gallego en la Introducción que las consecuencias de todo este empeño del escritor ruso de relatar (solo relatar) los hechos escandalosos (incluso para la moral de la época) “motivaron la apertura de una investigación oficial, probablemente de escasas consecuencias prácticas; no obstante, Chéjov había conseguido su objetivo: lograr que la opinión pública fijara su atención en la isla de Sajalín y en las condiciones de vida de los presos. Poco a poco, muchos aspectos siniestros de la vida de los exiliados fueron mejorando y algunas prácticas especialmente odiosas se erradicaron para siempre. Así, en 1893 se prohibieron los castigos corporales a mujeres; en 1895 el Estado asignó una suma para el mantenimiento de los orfanatos; en 1899 desaparecieron el exilio de por vida y las condenas a cadena perpetua; en 1903 se suprimieron los latigazos y las cabezas afeitadas”.

Con todo ello, no es entendible que esta obra de Chéjov no figure como la más importante precursora de lo que mucho más tarde se ha venido en llamar periodismo de investigación. Este gran reportaje debería leerse y analizarse en todas las facultades donde se enseñe periodismo. Por todo: por el método, por el rigor, por el lenguaje, por la objetividad como procedimiento de verosimilitud y el objetivismo literario como retórica persuasiva; por su honradez, por su dignidad humana y profesional, por su compromiso absoluto con una verdad que no se quería ver ni saber. Por su exquisita escritura que logra el interés humano sin hurgar morbosamente en tanto sufrimiento y tanto mal. Logra la empatía. El libro, además, contiene impresionantes fotografías de las cárceles, de los presos, de los nativos. Hay una que conmueve por su composición, por la dignidad de su movimiento y por su desolada realidad: la llegada a Sajalín de una mujer condenada al exilio por motivos políticos (p. 268):

La isla de Sajalín, según advierte Víctor Gallego (p.31), “es la obra que más esfuerzos y afanes costó a su autor”. He conocido antes su obra literaria (releída varias veces en diferentes etapas de mi vida) y me parece indudable que esta experiencia marcó a Chéjov para siempre. Tenía 30 años. A partir de la lectura de este libro puedo entender mejor su sentido de la vida y la forma en que abordó sus cuentos y a los personajes que en ellos habitan. Esa capacidad de observación y la renuncia al juicio moral constituyen la universalidad de su creación literaria. Ese conocimiento del ser humano y la compasión estoica de la que nunca quiso desprenderse.

Sajalín en 2009

Es muy improbable que pueda ir algún día a la isla de Sajalín. Es un fin del mundo absoluto desde donde vivo. Pero he podido acercarme al Sajalín de hoy gracias al Google Earth. En este espacio virtual se ha insertado alguna fotografía de la isla. Parece, ahora, un mundo civilizado. La misma impresión de civilidad que percibí en Ushuaia, en la Patagonia argentina, otra “isla penal” que se pobló con los condenados allí arrojados. Pude asombrarme y disfrutar de la belleza de ese último rincón del continente americano, otro fin del mundo. Pero había leído La isla de Sajalín y no pude dejar de imaginar el sufrimiento y la desolación absoluta que guarda cada puñado de tierra en Ushuaia. Aún queda un extraño cementerio: el de los árboles muertos de un bosque en el que jamás volvieron a crecer una vez que los presos los aserraron para el mantenimiento del penal. Un cementerio al que llevan ahora a los turistas, como los llevan a la antigua terrible prisión, hoy museo.

Sajalín

La isla de Sajalín: un gran reportaje escrito en un lenguaje actual, lleno de sensibilidad, rezumando solidaridad. Una feroz crítica que se desprende en la precisión de cada dato, secuencia, descripción, apunte, análisis. Porque el juicio sobra. La primera persona de Chéjov sólo aparece cuando es testigo de algo o cuando es interlocutor de alguien. Todo lo demás es la realidad viviendo.

El peligro para la supervivencia del periodismo (el buen periodismo) no está en las nuevas tecnologías ni en ninguna otra cuestión relacionada con soportes físicos. El periodismo desaparecerá cuando a nadie le interese leer, o escribir, un buen y justo reportaje.

En una carta dirigida a un aspirante a escritor que le pidió un recetario estilístico, Chéjov escribió estos 6 consejos ineludibles para el periodista narrativo:

Te aconsejo:

1) ninguna monserga de carácter político, social, económico;

2) objetividad absoluta;

3) veracidad en la pintura de los personajes y de las cosas;

4) máxima concisión;

5) audacia y originalidad: rechaza todo lo convencional

Es indescriptible la fuerza y la belleza de La Isla de Sajalín, este gran reportaje de Antón Chéjov que se publicó en 1893.

 

María Jesús Casals es profesora del MUIP

 

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Elogio de la imperfección

Elogio de la imperfección   

Por Antonio Dueñas

  • Elogio de la imperfección (2010), Rita Levi-Montalcini. Ed. Tusquets ,2011  (primera edición en italiano: 1987)
  • El cerebro accidental (2007), David Linden. Ed. Paidós, 2010  (primera edición en inglés: 2007)
  • Y el cerebro creó al hombre (2010), Antonio Damasio. Ed. Destino, 2010 (Self Comes to Mind: Constructing the Conscious Brain, 2010)

Los estudios sobre el funcionamiento del cerebro; sobre cómo se puede observar y explicar su potencial y sus capacidades cognitivas; sobre cómo incluso los sentimientos y las emociones pueden examinarse sobre la base de sinapsis y recorridos neurológicos hasta ahora poco conocidos, han recibido un enorme impulso en los últimos años. Tomo prestado el título del primero de los libros indicados para reflexionar, comentar (e invitar a algún posible lector a que lo haga) sobre este azaroso órgano, muchas de cuyas funciones están aún por explicar.

   El nexo común de las tres obras, uno de sus puntos de partida más evidentes, puede condensarse, en efecto, en el título mencionado: la evolución del ser humano está determinada por la casualidad y este azar es especialmente evidente al observar la evolución del cerebro. No es posible pensar en algún tipo de diseño, inteligente o programado, porque la evolución del cerebro no sigue ninguna lógica, se pierde con frecuencia por los caminos menos rentables; vuelve sobre sus pasos o inicia procesos de “reparación” de anteriores líneas  equivocadas en su desarrollo.

    En palabras de los autores es como si al bastidor de un automóvil de los años 30 del siglo XX se le sobrepusiera una carrocería de los años sesenta y a ésta los últimos avances tecnológicos del siglo XXI. Todo superpuesto: el chasis de un ford T, más la carrocería de un cadillac, más el navegador y el climatizador de uno de los últimos modelos actuales de automóvil. Cerebro reptiliano, tronco encefálico, hipotálamo, cerebelo, sistema límbico, corteza cerebral se superponen como quien rellena apresuradamente un baúl, en un amontonamiento que, precisamente por su volumen, pone en peligro la supervivencia misma de la especie.

   Pese a esta “imperfección” evidente, el resultado es que  el cerebro humano es capaz de la más prodigiosa creación del reino animal: la que permite la conciencia y el habla, los sentimientos y las emociones, la empatía y la simpatía, la mímesis y la creatividad. Más aún, este cúmulo de mutaciones casuales, este proceso “inarmónico” ha permitido que el cerebro humano evolucionase de manera espectacular. Al estar exigido de manera tan acuciante por  urgentes necesidades de adaptación y de supervivencia, su crecimiento ha sido provisional y errático, teniendo en cuenta siempre soluciones inmediatas y nunca “a largo plazo”; pero precisamente ese “desorden” ha propiciado su espectacular desarrollo. Por el contrario, el modelo que mejor ha seguido y cumplido su “plan evolutivo”, el de los insectos, es idéntico desde hace miles y miles de años. Sería capaz –se dice siempre- de resistir cualquier catástrofe, natural o radiactiva; pero, al no haberse prestado al juego de la continua presión selectiva –como dice Levi-Montalcini-, nunca tendrá  entre sus descendientes  a un Hitler o a un Einstein.

   Habría que pensar –pero éste sería otro tema de reflexión- si este crecimiento inarmónico y desordenado podría conducir, como se ha señalado algunas veces,  a un crecimiento  también desordenado de la propia conciencia, individual y colectivamente hablando.

   Rita Levi-Montalcini, que cumplió ciento tres años el pasado mes de abril de este 2012, premio Nobel de medicina en el año 1986, estudió en Turín, su ciudad natal y “eligió” el exilio cuando el régimen de Mussolini promulgó en 1938  las llamadas “leyes raciales”. Trabajó e investigo en St. Louis y en Rio de Janeiro.  Su contribución más reconocida trata del desarrollo  del sistema nervioso y, en particular, sobre los factores específicos de crecimiento de algunas líneas de células nerviosas. El interés de Levi-Montalicini se centra preponderantemente en la misteriosa secuencia de mutaciones que originó el aumento de volumen en el cerebro humano; en cómo y por qué se expandió la corteza cerebral, levitó, como si fuera un soufflé y se plegó sobre sí misma en un número creciente de circunvoluciones. Es posible reconstruir el aumento del volumen cerebral por los fragmentos craneales que se han encontrado, de distintas épocas desde el último Mioceno; no es posible, sin embargo, -afirma la autora-  reconstruir el proceso de aumento de las circunvoluciones de la corteza: este proceso no ha dejado huellas.

Lucy ©TheResilientEarth.com

   Esa misteriosa sucesión de mutaciones hizo que nuestra antepasada Lucy se disociara de sus congéneres, que siguieron viviendo en los árboles; que se adentrara peligrosamente en la sabana y que fuera afinando y perfeccionando su capacidad para producir artefactos y herramientas rudimentarias: los comienzos de la tecnología. Se desarrollaron las capacidades visivas y auditivas –eso parece indicar la evolución de la corteza- y a ellas se unió la capacidad del lenguaje articulado. Miles de años más tarde esta evolución biológica será sustituida por la “evolución cultural”; el resultado es la supervivencia y propagación del homo sapiens.

El ser humano evolucionó en las áridas y abiertas planicies de África

Elogio de la imperfección, título de resonancias clásicas y renacentistas (desde los sofistas a Erasmo) es un raro libro de “autobiografía científica”. Su autora es capaz del juicio sereno que proporcionan la edad y la proximidad de   una larga vida dedicada a la investigación neurológica.

   David Linden (Santa Mónica, 1961) es profesor de neurociencia en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y uno de los más reconocidos investigadores actuales sobre el funcionamiento del cerebro. Linden aclara con lucidez, pasión y una pizca de irreverencia su punto de vista desde el primer capítulo: el cerebro no es esa obra de ingeniería, máquina perfecta, que nos dicen en el colegio o que nos enseñan en los documentales de la televisión. Ni mucho menos: el cerebro no es un “diseño elegante”. Su función es extraordinaria, pero los “planos de su construcción” son extravagantes e ineficaces.

   El cerebro, en su obligada respuesta para adaptarse a los problemas y trampas de la evolución, ha ido desarrollando continuamente soluciones “de parche y chapuza”; en él se pueden apreciar estos “fallos de diseño”. Sin embargo, precisamente esa aglomeración de soluciones parciales, tan acientífica si la observamos en su conjunto, es la que ha permitido, como se decía anteriormente,  que el ser humano genere sentimientos y emociones como nunca antes había ocurrido. Es, pues, un órgano de una eficacia probada y de un rendimiento sorprendente. Describir estos procesos es el objetivo que se propone este estudio.

   Linden explica con claridad y rigor el funcionamiento químico-eléctrico de sinapsis y neurotransmisores; insiste en la “falta de rigor” en el diseño del cerebro también desde un punto de vista espacial; explica detalladamente y con ejemplos el concepto de plasticidad neuronal; concluye, en fin, que el número exagerado de neuronas (unos cien mil millones) se debe precisamente a esa acumulación de soluciones parciales  (soluciones anacrónicas ya en muchos casos) que nunca se han “reformado” teniendo en cuenta  un plan general de ahorro y eficiencia.

   Sumamente interesante es su análisis de las percepciones sensoriales. La tradición cultural y social impone el sentido de la vista como el más fiable, para ir descendiendo en fiabilidad hasta el oído y el olfato. Esta tradición condicionó  las viejas teorías sobre la información y su validez indiscutible cuando hay testigos oculares (como sigue ocurriendo en los tribunales); de este modo, durante mucho tiempo nos hemos afirmado en la idea de la “información objetiva”. Así, cualquier estudiante recién llegado a la Universidad repetirá como “lección aprendida” aquello de que “las cosas son como son”, de que “los hechos suceden como suceden” y que la misión del periodista es tomar nota de lo que ha sido y ha ocurrido. Estas afirmaciones sobre nuestra capacidad y fiabilidad sensoriales –afirma Linden- sencillamente no son ciertas.

   A lo largo de miles de años de “bricolaje evolutivo” (son sus palabras) nuestro sentidos han evolucionado para percibir unas cosas y para ignorar otras; nuestras percepciones no tienen por qué coincidir con las del vecino; mi vecino y yo no tenemos por qué ver eso que llamamos “realidad” de la misma manera, aun siendo ambos testigos oculares simultáneos de un acontecimiento. ¿Se podría hablar de manipulación sensorial? Hay razones biológicas que explica Linden, como sucede en el caso de la vista, para demostrar una cierta distorsión; el camino del órgano y sentido de la vista es tortuoso y los “mapas sensoriales” de que disponemos reflejan esa misma ineficiencia evolutiva.

   A ello podríamos añadir que la  plasticidad neuronal desde hace miles de años es fundamentalmente social y cultural; como consecuencia, nuestras percepciones sensoriales se confrontan continuamente (cognitivismo puro) con los modelos visivos, auditivos, de comportamiento etc. que tenemos almacenados y registrados por aprendizaje, por mímesis, por odio o por pasión. Resulta muy arriesgado, por tanto, cuando no erróneo, afirmar la “misma realidad” para todos; por ello mismo también resulta tan difícil cambiar los patrones y modelos que tenemos interiorizados.

   Un capítulo especialmente llamativo de El cerebro accidental es el dedicado a explicar, el comportamiento sexual de los seres humanos por motivos del desarrollo cerebral. Idea recurrente en los tres autores es esa falta de “programación” y racionalización que conduce a que el cerebro humano sea demasiado grande y que, por razones estrictamente del “canal de parto” deba desarrollarse  durante muchos  años fuera del útero materno. La cría humana es incapaz de alimentarse y valerse por sí misma hasta más allá de la adolescencia y su madre no es capaz por sí sola de proveer a todos los cuidados que durante tanto tiempo exige una cría humana: de ahí que se hayan ido estableciendo relaciones consolidadas entre hombres y mujeres; de ahí que los varones acepten hacerse cargo (al menos parcialmente) del cuidado de las crías. La promiscuidad de la mayoría de las especies, de machos y hembras, se “negocia” por la conciencia en el hombre de una paternidad segura (cosa que sucede en el noventa por ciento de los casos; este aspecto lo desarrolla en profundidad Richard Dawkins en El gen egoísta) y por la seguridad en las mujeres de un apoyo fundamental para sacar adelante a sus crías.

   Los cambios que todos conocemos de madres que cuidan solas a sus hijos, de nuevos tipos de familias, de uso de anticonceptivos, de las distintas formas de sexualidad, etc. –dice Linden- aún no han no han pasado por el proceso de selección que supone un proceso tan lento como el de la evolución; y en el caso específico del cerebro hay que sumarle la ingente cantidad de neuronas (con una mucho más ingente capacidad generadora de sinapsis), que se “mueven” muy lentamente, y que desde que aparecieron, en su gran mayoría hace millones de años,  no han experimentado cambios sustanciales.

   No sé si esta interpretación es la más correcta. En todo caso contribuye, como el libro en su totalidad, al debate y al mayor conocimiento del cerebro, para explicar comportamientos, capacidades y emociones.

   Antonio Damasio (Lisboa, 1944), profesor de “Neurociencia, Neurología y Psicología” en la Universidad  del Sur de California, premio “Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica” en 2005, se propone en este estudio analizar cómo el cerebro construye la mente y, además, cómo el propio cerebro consigue que esa mente sea consciente, que seamos conscientes.

   Sabíamos (o intuíamos) que la mente es la manifestación más evidente del cerebro, algo así como su fruto visible y concreto. Solemos también atribuir la característica diferencial de los humanos al manifestarse de la “conciencia”; pensamos que adquirimos como especie el apellido sapiens, cuando algún antepasado remoto pensó en sí mismo de manera reflexiva y  no puramente referencial; cuando pudo tener memoria del pasado y se atrevió a proyectar el futuro; cuando se hizo, de manera muy rudimentaria seguramente, las preguntas más elementales que después hemos incorporado al acervo elemental y jocoso de la especie.

   Para ello el autor parte de los estudios clásicos y de los más recientes que relacionan la conciencia con el troco del encéfalo; se apoya también en la tradición conceptual sobre la mente y la conciencia que alcanza uno de sus mayores exponentes en William James  (para los literatos, el hermano de Henry). En síntesis, abundando en estudios como el mencionado anteriormente, se trataría de “elaborar una representación del cerebro en el momento en que contiene una mente consciente”.

    El cerebro, humano y no humano, hace muchos miles de años que dispone de una mente activa; la conciencia, sin embargo, se hace presente sólo cuando esa mente es capaz de desarrollar un testigo de sí misma, ser simultáneamente sujeto y objeto. ¿Es posible trazar un recorrido evolutivo, plantear un análisis neurológico que, al menos como hipótesis plausible, dé cuenta de este hecho tan trascendental? Éste es el reto que se propone (y nos propone) el autor.

   Damasio inicia este fascinante recorrido desde las neuronas, los axones y las sinapsis, constata “patrones neuronales” que se hacen evidentes en resonancias y tomografías axiales; propone que necesariamente, habida cuenta de todas las evidencias evolutivas y de las que se pueden observar en la actualidad,  es la región del encéfalo el área  del cerebro que desempeña el papel primigenio en la formación de la mente (como es lógico, con el paso del tiempo se le añadirán nuevas áreas) y, consecuentemente, en la formación de la creatividad, la memoria y los “procesos del sí mismo”, es decir, de la conciencia.

    Constata que en el cerebro se representan, a modo de mapas, los “aspectos más estables de la función corporal”. La representación de estos mapas se sitúa más concretamente –escribe Damasio- debajo de la corteza cerebral, en la región superior del tronco encefálico. De ser esto así (y parece que no hay dudas al respecto) los sentimientos primordiales, como el dolor y el placer, se generan también en los animales; y los sentimientos más complejos, como el apego y las emociones,  también; al menos en los animales que nos rodean, incluidos, por supuesto, los que nos comemos.

  La mente es, por tanto, el resultado de la continua elaboración de los mapas que efectúa el cerebro; porque el rasgo distintivo del cerebro es precisamente su asombrosa capacidad para crear mapas, y es precisamente la conciencia quien, en un proceso constante de interacción, nos permite percibirlos, relacionarlos, racionalizarlos etc.

   Si observáramos al microscopio un fino corte horizontal de la corteza cerebral, veríamos físicamente estos mapas, veríamos líneas y cuadrículas, como si se tratara, por ejemplo, del plano del Eixemple de Barcelona. Es decir, al hablar de “mapas” no proponemos una metáfora más o menos afortunada –escribe Damasio-, sino que estamos, en realidad, ante algo parecido a una pantalla electrónica que dibuja líneas con luces LED.

   Estos mapas se caracterizan, por un lado, por su extrema movilidad, dado que representan continuamente patrones tomados del presente, como pueden ser el funcionamiento y movilidad de una mano o de cualquier otro órgano; de oír una palabra, de leer una línea, de observar un árbol, etc. etc. Y también, por otro lado, por su carácter consciente o inconsciente de representación, de modo que podemos ver, oír, caminar, etc., pero también recordar, soñar o divagar: percepción y recuerdo.

Mapa de las actividades de la corteza cerebral, de forma artística utilizando texturas procedentes de cartografía real de Nueva Zelanda. (de La Cartoteca: http://alpoma.net/carto/)

Como se indicaba anteriormente, Damasio defiende que  la conciencia nace con los sentimientos primordiales y, por tanto, en el tronco encefálico que compartimos con la mayoría de los animales; cierto es que, después, desempeña un rol fundamental la corteza cerebral, tanto en la elaboración de mapas visuales como auditivos o sensoriales en general. Esta extraordinaria capacidad del cerebro es la que nos permite la gestión y el control tanto de nosotros mismos como de nuestro entorno; de modo que, aunque los animales no humanos tengan, según esta apreciación, un “principio de mente” la intervención de la corteza cerebral sí parece ser un hecho diferencial del cerebro de  los humanos. Si lo somos, es porque poseemos un cuerpo con un cerebro que ha sido capaz de crear eso que llamamos “mente”, de tomar conciencia de sí mismo, de desdoblarse en sujeto y objeto; de replegarse sobre sí mismo como las circunvoluciones de la propia corteza cerebral.

   Después de analizar la mente, su complejidad y su capacidad de representación, entra Damasio en el núcleo de su propuesta: la conciencia y sus distintas formas. Este análisis resulta sorprendente y fascinante. Comienza delimitando neurológica y lingüísticamente “emoción” y “sentimiento” para llagar a eso que él llama “el sí mismo”. A continuación analiza qué es la conciencia: “un estado mental en el que se tiene conocimiento de la propia existencia y de la existencia del entorno”. Si no hay mente, no hay conciencia; si hay mente, hay algún tipo de conciencia. Damasio analiza la conciencia como un estado  que admite gradaciones: hay una conciencia, que llama “conciencia autobiográfica”, que precisa la existencia de un lenguaje articulado y que, por tanto es  claramente la que define al ser humano. Hay también una conciencia, que llama “conciencia central” que no requiere la presencia del lenguaje articulado; más aún, su aparición en el proceso evolutivo es previa a la aparición del lenguaje. ¿Cómo es esta conciencia? Parece difícil de cuantificar y caracterizar; con seguridad no permite el recuerdo ni la ensoñación ni proyectos de futuro, pero sí un grado conocimiento de la propia existencia y del entorno.

   En este punto Damasio hace una afirmación parecida a la que se atribuye a Protágoras: no tengo suficientes razones para afirmar que muchos animales tienen conciencia, pero tampoco tengo razones para afirmar que no la tienen.  Su opinión científica parece decantarse por pensar que sí tienen conciencia, aunque (parece decir entre líneas) le falten aún algunas comprobaciones. De todos modos su razonamiento en este sentido es científicamente impecable: si los comportamientos de una determinada especie se explican mejor teniendo en cuenta que dispone de un cerebro dotado de procesos mentales y no sólo de “disposiciones motoras”; si el cerebro de esa especie dispone de los componentes  necesarios para formar mentes conscientes (como en los humanos y en otros animales no humanos), esa especie tiene conciencia. En efecto, como se decía con anterioridad, la mente se origina en la región del tronco encefálico, si bien en el “homo sapiens” se completa en las distintas áreas corticales.

   En resumen, tres autores imprescindibles para cualquier curioso o interesado en el porqué de nuestra especie y en las relaciones que mantenemos con las otras especies. El planteamiento en los tres casos pertenece estrictamente al paradigma científico, si bien Levi-Montalcini añada algunas  apreciaciones “humanistas” (hay en su libro una buena parte autobiográfica) y Antonio Damasio tenga en cuenta las aportaciones “psicologistas” de William James y de la tradición anglosajona.

    Como decía Popper, las propuestas del conocimiento están sometidas siempre al principio de falsabilidad y eso es lo que nos permite avanzar en la investigación y desarrollarnos como especie consciente. 

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El canto del cisne del periodismo o la muerte del sueldo

El canto del cisne del periodismo o la muerte del sueldo

Por Joaquín Aguirre Romero

Creo que hay un error interpretativo, un problema de percepción. Los que han decretado “la muerte del periodismo” se referían en realidad a “la muerte del sueldo del periodista”. Te dicen que el mundo ha cambiado, que han pasado cosas, etc., que es lo mismo que le diría un mamífero a un dinosaurio. Podría parecer una muerte accidental, pero ya hay unos cuantos cadáveres en la morgue esperando a los forenses. No es casualidad ni mala suerte. Más bien el fracaso de las estrategias desarrolladas hasta el momento por los mismos que se presentaban como gurús. Los cierres y recortes se suceden a tono con el clima del país. Los empresarios de la información aprovechan el río de sangre para navegar en sus yates. Pero algunos teorizany eso ha causado indignación.

 A pesar de lo que diga el señor Juan Luis Cebrián*, antiguo director de El País, y hoy Presidente y Consejero Delegado de PRISA., el Periodismo no ha muerto. ¡Para nada, desde luego! Los que sí que se han muerto son los empresarios y directores de periódicos como es debido porque han perdido el sentido de su función. Los periodistas siguen siendo periodistas… si les dejan. Pero hace tiempo que se perdió el rumbo sobre cuál era la tarea que debían cumplir los medios y, como es lógico, los que allí trabajan. Se olvidó interesadamente la especificidad de la empresa informativa respecto a otro tipos incluyéndola en la norma simple y general de que una “empresa es para ganar dinero”. Lo importante aquí, como en tantas otras cosas, es el camino escogido para ganarlo.

La entrada de la “mentalidad gestora” en los medios antepone el rendimiento económico a la información estableciendo una falsa dicotomía. La absorción de las empresas periodísticas dentro de conglomerados mediáticos que apostaban por aquello que producía más beneficio al margen de cualquier otra consideración se ha demostrado absolutamente errónea en su planteamiento y desastrosa en sus consecuencias porque el buen periodismo es muy necesario y hoy más que nunca.

La queja esgrimida de que la sociedad se ha transformado tecnológicamente olvida que ese cambio se ha impulsado desde el mundo empresarial, que vio la posibilidad de mayores beneficios cambiando el sector de la información. Ahora les resultan más rentables unas cosas que otras. Y entonan cantos del cisne por el periodismo convertidos en raperos de mal agüero. Justificar los errores propios mediante la “pérdida de prestigio” (según las palabras de Juan Luis Cebrián) de la profesión periodística es de bastante mal gusto cuando se ha llevado a la profesión periodística al borde del circo para justificar las demandas de la publicidad de públicos mayores. No me extraña que los trabajadores del diario, enfrentados a un ERE pidan su cabeza privilegiada. Señala el señor Cebrián:  ”En ese nuevo entorno, el papel del periodista ha cambiado”. Según Cebrián, para degradarlo. “Los diarios ya no vertebran la opinión pública. Y eso genera gran vértigo. Sigue teniendo un papel, pero ya no ese cuarto poder de los años cuarenta o cincuenta”. En su opinión, se ha producido una pérdida del papel de intermediación de la prensa entre la sociedad y el poder. Hasta el punto de que “la pérdida de prestigio de la democracia tiene que ver con la de los medios y viceversa”*.

No sé qué entiende el Consejero Delegado de PRISA por “vértigo”, pero me imagino que es algo que oscila entre la náusea sartreana y la montaña rusa del parque de atracciones, que viene a ser, en clave metafórica, la travesía que han hecho recorrer al Periodismo en sus aventuras empresariales mediáticas. Han transformado a los lectores en consumidores de medios y han convertido a los medios en circo y espectáculos. 

La búsqueda de audiencias mayores en un marco global condenaba a los medios a transformarse en espectáculos cada vez más banales y vacíos. La única forma de evitarlo era apostar por una pedagogía de los medios que enseñara su valor, formara a los lectores en el valor de la información en una sociedad democrática como configuradora de la opinión pública y controladora de los partidos. Se hizo lo contrario. No es la degradación de los medios lo que arrastra a la democracia, ni la degradación de la democracia la que arrastra los medios, como dice el señor Cebrián. Es la degradación de la idea de formar ciudadanos (personas conscientes), que es consustancial a la democracia, para no convertirla en un circo de votantes ignorantes en el que los medios se subastan al mejor postor político o empresarial como forma de conseguir privilegios en distintos ámbitos según a quien le toque el poder.

 Si el binomio “política-medios” no ha funcionado bien y se han arrastrado mutuamente es porque no han cumplido ambos las funciones sociales que se esperaban de ellos. Esto es bastante distinto a lo que parece querer decir el señor Cebrián y es responsabilidad de las líneas emprendidas por las empresas y no por la mayoría de los profesionales, que deseaban poder hacer sus informaciones con libertad y honestidad que son los valores que reconocen los lectores. De otra forma, unos se alejan porque no les interesa y otros porque no les convencen. Han proliferado los medios ciudadanos porque no se sentían identificados con los medios profesionales. Esa es la crítica que se hizo a los medios desde el 15-M.

 Se ha destruido la idea de “lector” sustituyéndola por la de “consumidor de información”; se han cambiado la idea de “noticia” por la de “contenidos”, que implica una consideración muy distinta de lo que es contable y porqué. Se ha informado para vender y no porque hubiera que informar. Se busca llamar la atención y no atraer el interés ciudadano. Se necesitaba apostar por lectores cultos y por la extensión de la cultura como forma de profundizar en una sociedad democrática consciente. Lo que se hizo —en general— es lo contrario: apostar por una extensión mediática basada en el embrutecimiento chabacano del puro consumo informativo, en el que las redes sociales han sustituido ya a los medios tradicionales.

 La publicidad abandona los medios menos rentables y se dirige a buscar la eficacia en donde se producen las concentraciones de atención. El señor Cebrián ha dicho: “Mientras que la publicitad crece en América, en España y Portugal no ha hecho más que caer en los últimos tres años”. PRISA mantiene mercado en ambos continentes y, con esa experiencia, Cebrián alerta de la burbuja que se desinfla en Europa y que ahora está en auge en América.

 Está bien que alerten de los males. Pero me temo que serían muy discutibles las causas y los causantes de esos males. La deslocalización empresarial no es la deslocalización informativa, que está vinculada a sus públicos. No es lo mismo un fábrica de zapatos que un periódico, por obvio que parezca. Solo plantear las diferencias entre mercados informativos emergentes (por llamarlos así) y los que están en crisis, muestran perfectamente la óptica desde la que se plantea la cuestión. Si la publicidad no fluye es también porque se está dirigiendo a las cestas en las que estas mismas empresas están diversificando sus huevos. han jugado a todas las barajas hasta que ha dejado de ser rentables para ellos algunas.

Hace muchos años que esto comenzó. Se fueron sacrificando los fundamentos del periodismo, su engarce y compromiso con la sociedad, que pasaba a ser vista como un mero mercado. El periodismo es una profesionalización de una función social: la necesidad de estar bien informados mediante la reducción de la creciente complejidad del entorno. El mundo se hace más complejo por su interconexión y necesitamos tener información sobre lo que ocurre y por qué ocurre. El enfoque mercantilista de la información, por el contrario, cree que un medio es un instrumento para concentrar la atención y aprovechar para venderles algo, incluida la propia información.

La ausencia de compromiso informativo característica de los que solo piensan en términos de “resultados” acaba determinando la vida de los medios y de dónde resulta más rentable invertir el capital. Los trabajadores sobran. Es lo que ha logrado la admirada Arianna Huffington.

La importancia que hemos estado concediendo a la campaña en favor de convertir a Arianna Huffington literalmente en “musa de la izquierda liberal”, según el diario El País adquiere ahora claridad ante la perspectiva de un ERE que recorte la plantilla en el periódico.

El éxito de Arianna Huffington no es hacer un medio sin periodistas, sino tener periodistas sin sueldo, pues no en otra cosa se ha basado su “éxito empresarial e informativo”, el fenómeno comunicativo del siglo XXI, según el diario. Las manifestaciones en Estados Unidos contra la reina de la visibilidad como pago han sido de gran alcance. El País celebró como una victoria propia la sentencia en la que el juez “tumbó” (fue la expresión usada en el titular) las pretensiones de recibir alguna remuneración por su trabajo al venderse The HuffingtonPost a AOL por más de trescientos millones de dólares. Ahora se ven las intenciones.

El caso adquiere su importancia a la vista de lo que vaya a ocurrir con El País y su propia competencia, El Huffespañol quizá debería pasar a llamarseEl Puffington. Que el modelo sea no pagar a los profesionales y sustituirlos por blogueros felices porque tienen otras profesiones con las que mantenerse vivos, acaba siendo coherente con los discursos negativos del Consejero Cebrián. Al final, según esta filosofía y planteamiento empresarial tan celebrado, los que participan en el circo mediático se deben considerar contentos con que se les permita saltar a la pista. Quizá el Consejero Delegado no le ha explicado bien a los trabajadores el inmenso honor de escribir en el periódico y el valor meramente simbólico de sus sueldos.

 Con esto se confirma que si la profesión está en las noticias, el negocio está en los flujos de información, siendo indiferente cuál sea su motivo u origen. Como titulaba con gran sinceridad The Huffpost: “Not Our Problem”. El escueto titular era la respuesta a Rupert Murdoch, que había acusado a The HuffingtonPost de tener unos pocos periodistas en plantilla y “robar” las informaciones a los otros.

Confirmamos, pues, que sobre lo que el señor Cebrián está teorizando es la muerte del sueldo, como tantos otros empresarios que han basado su éxito económico y su ruina moral en becarios y puestos precarios de trabajo. La deriva de estos últimos años no ha sido hacia el periodismo de calidad sino hacia el de precariedad, reduciendo las posibilidades de informar mejor a una sociedad que creciera en paralelo con la propia información. Eso no le ha importando a nadie. Hay que pensar menos en el poder y más en los ciudadanos

Allí donde crece la información —no solo el negocio— es donde existe el interés por lo que ocurre en el mundo. Hace ya mucho tiempo que la información es la excusa y no el objetivo. No es culpa de los profesionales, sino de aquellos cuyas estrategias han fallado estrepitosamente.

* “Cebrián afirma que la prensa ya no vertebra la opinión pública”. El País 22/04/2012 http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/04/22/actualidad/1335120279_956448.html
Joaquín Aguirre Romero es profesor del Máster Universitario en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación (MuiP, UCM)
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El estilo de vida de los Dong

El estilo de vida de los Dong

por Zhao Zemei 

Entre un mar de árboles, en el valle escondido en las montañas, entre las colinas suaves, con el clima templado y húmedo, bajo el banco de las nieblas, junto con las terrazas de arroz, se oyen los cantos de los pájaros, se contemplan los colores llamativos de las trajes tradicionales, se anotan las casas típicas construidas de maderas, saltan a la vista los puentes cruzados por los arroyos con techos adornados y, por fín, aparece una construcción en forma de un gran árbol, con los pisos pintados y adornados de figuras tanto de animales como de plantas, incluidas legendas tradicionales chinas.

Torre de Tambor, el símbolo espíritual de la cultura Dong

Es una Torre de Tambor, que ha sido el símbolo espíritual de la cultura Dong. Los Dongs consideran la Torre de Tambor como un lugar sagrado de la población, como un sitio que está lleno de emociones, sentimientos y recuerdos hacia sus antepasados, como un refugio y respaldo sentimental para que los Dongs puedan descargar su desgracia y recuperar la alegría, como un paisaje que conecta el mundo natural y el mundo del ser humano y que representa y garantiza la armonía tanto entre el ser humano y la naturaleza como entre las personas, como un lazo cálido que reúne a los Dong para que se ayuden y se apoyen tanto en los momentos de alegría como en los momentos de sufrimiento, como una imagen concluida que representa la identidad única basada en su propia histora y cultura y, por último, como un estadio que comunica con el pasado y proyecta hacia el futuro.

Un día festivo de los Dong: alrededor de la Torre del Tambor se presenta una muchedumbre de gente vestida con trajes tradicionales. Se oye la Gran Canción de Dong, se oye el sonido nutrido de la naturaleza y desarrollado por la gente que vive en ella. Se dice que es un milagro de la naturaleza.

 “La comida nutre el cuerpo y el canto el corazón” y “Para sobrevivir hay que comer y para alegrarse hay que cantar”.

Lulu es una mujer de 30 años, que interpreta la primera voz del coro. “La forma de cantar es bien diferente de la forma corriente”, dice, “la canción se desarrolla según los pasos siguientes: la primera voz dirige la melodía principal al coro con una frase definida y los demás miembros del mismo la repiten y la desarrollan”. Según su indicación, se da cuenta de que a medida que la primera voz añade color a la melodía principal mostrando el talento y realzando un buen efecto de la canción, los demás miembros realizan la réplica añadiendo matices y adornos, de esta forma poco a poco y paso a paso, va surgiendo el canto polifónico logrando una melodía armoniosa y natural basándose en la voz principal.

Sin embargo, es muy curioso que en todo momento, sólo se oye la interpretación de cantos dialogados, polifónicos y armoniosos sin que aparezca la figura de un director, ni tampoco se oigan acompañamientos de instrumentos musicales. “Es la Gran Canción de Dong, y los Dong la cantamos siguiendo la armonía interior de las personas que interpretan la melodía, y por eso, el acompañamiento musical viene del mismo coro”, sigue explicando Lulu. Así que el coro de los Dong es un coro polifónico, ¡sin banda ni director!

El Dong es un grupo étnico minoritario que vive habitualmente en el oeste de China. Su identidad cultural se remonta a la época de antes de Cristo, así que en las literaturas anterior de la Dinastía Qin (221-206 a.C), a los antepasados de los Dong se les conocieron como “Qian Shou”. A la largo de la historia, los Dong han mantenido una convivencia respetuosa y recíproca con el grupo mayoritario Han. En los últimos tiempos, los Dong han resultado muy interesantes a la gente gracias tanto a sus interpretaciones musicales como a su estilo de vida originario.

Los Dong son únicos en cuanto a habilidad musical, ellos aprenden a cantar de oído desde la infancia, sin contar con libros ni estudiar notas musicales, es decir, ellos nunca han recibido una formación musical académica y desconocen el significado técnico de armonía, intervalo y otros términos musicales. Sin embargo, han sorprendido al mundo con sus habilidades musicales. Se trata de una habilidad innata que se lleva en la sangre, y ellos la conservan y la desarrollan  de generación en generación. De hecho, la minoría Dong ha sido considerada como una de las minorías más musicales de China y, el descubrimiento de la capacidad de interpretar melodías polifónicas sin conocimientos musicales académicos ha sido tan sorprendente que despierta un abanico de curiosidades dentro y fuera de la comunidad de los expertos en música y ha hecho que la antigua confirmación de que los chinos no saben cantar un coro polifónico quede sin fundamento. Es más, la Gran Canción de Dong ha sido nombrada como  patrimonio cultural inmaterial por la UNESCO (Unitad Nations Educational, scientific and Cultural Organización) desde 2009.

Los Dong usan dos frases célebres para referirse a los sentimientos que despierta la música: “La comida nutre el cuerpo y el canto el corazón” y “Para sobrevivir hay que comer y para alegrarse hay que cantar”. De ahí que todos ellos sepan cantar y lo cierto es que tanto cantar en solitario como en grupo ha sido una parte activa e inseparable de su vida.

Los Dong tienen su propio idioma, el grupo de Zhuang-Dong, que pertenece a la familia de las lenguas sino-tibetanas. Sin embargo, los Dong no tenían escritura propia, por eso, a veces usaban caracteres chinos para representar los sonidos de las palabras. En 1958 se creó un sistema alfabético de escritura fonética que demuestra que es muy útil para aquellos que no conocen los caracteres chinos. En la actualidad, la mayoría de los Dong son capaces de dominar la lengua de Han (el chino mandarín o su dialecto).

A lo largo de la historia los Dong han conservado su propia cultura a través de las interpretaciones musicales. Así que de boca a boca, de canción en canción, su lenguaje musical ha servido como una vía factible y efectiva para transmitir los sentimientos y conocimientos de generación en generación.

Las hojas de los árboles: instrumentos musicales.

A pesar de que en ocasiones -como la interpretación de la Gran Canción de Dong- los Dong cantan sin acompañamiento de instrumentos musicales, tienen un número considerable de instrumentos hechos de madera o de bambú. Los instrumentos de maderas son: Pipa, Niutuiqin, Huqin, etc.; los instrumentos hechos de bambú son: Xiao, Dongdi (la flauta autóctona), Lusheng, etc. Cabe destacar que el Xiao y el Dongdi han tenido una gran influencia en la interpretación musical tradicional china por ser dos componentes importantes de la familia de instrumentos tradicionales.

Sin embargo, lo más sorprendente es la capacidad de manejar las hojas de los árboles para producir música. Más bien son los hombres quienes son capaces de poner las hojas tiernamente entre los labios e interpretar una canción melodiosa y dulce. “Los Dong suelen trabajar en el campo, en primavera, cuando las flores florecen; durante el descanso del trabajo, los Dong tocan música con hojas de árboles”, cuenta Lulu. “Para nosotros, la música refuerza el espíritu y aumenta la habilidad y capacidad para conseguir un trabajo bien hecho hasta que la música baje la presión y cure la enfermedad.”

En las épocas de primavera y verano, la música producida por las hojas de los árboles se expande por todas partes: en los valles, en las terrazas de arroz y en las orillas de los arroyos, hasta que la música llega al corazón de la gente. Lo más sorprendente es que cuando los Dong tocan las hojas de los árboles sentados en la cima de una colina, les vienen a buscar los pájaros que disfrutan de la música y ¡participan!

Crear música con las hojas de los árboles

Vestimenta natural: equilibro entre los colores y las formas que reflejan la armonía universal

Los Dong mantienen su estilo de vida originario y conservan los conceptos respetuosos con el mantenimiento de la armonía entre el ser humano y la naturaleza, dado que para ellos la armonía entre el ser humano y la naturaleza es primordial. Así que tanto la vestimenta como la construcción de su residencia representan un alto grado de equilibro entre los colores y las formas que reflejan la armonía universal. Para ellos la armonía es representada a través de la interpretación musical, de su lugar de asentamiento y su entorno, de la construcción de su residencia y de la vestimenta.

De hecho, la vestimenta ha sido hilada y teñida a mano con tintes naturales. Las mujeres Dong suelen llevar pantalones largos y blusas largas hasta la rodilla con abotonado delante, las mangas estrechas y un delantal que cubre el pecho, además de cortas faldas plisadas y polainas. En ocasiones, las mujeres importantes visten con gargantillas de muchas hebras, collares, pulseras, anillos, pendientes y adornos de plata de diseños finos y decorativos. Los colores utilizados suelen ser el blanco, el negro, el azul y el púrpura. Los hombres suelen vestir chaquetas cortas abrochadas por delante. En algunas regiones también utilizan turbantes.

En general, las mujeres suelen ser expertas en hilar y bordar, y les gusta bordar patrones con dibujos de animales, plantas, objetos, e incluso personajes de leyendas. También son expertas en el arte de la pintura, el grabado en tela y la ornametación de la vestimenta.

Las residencias de los Dong: armonía entre el ser humano y la naturaleza

A lo largo de la historia, las zonas de sus asentamientos siempre han tenido mucho que ver con lugares de clima cálido y abundantes lluvias, además, las casas de los Dong normalmente se sitúan a los pies de las colinas y están rodeadas de arroyos. La construcción de la residencia de los Dong concuerda con los principios del Feng Shui, lo cual explica que la residencia próxima a montañas y arroyos pueda recibir la energía de la naturaleza y según el Taoísmo, esa energía aumentará la energía humana.

Los tres tesoros de la cultura Dong son la Gran Canción de Dong, la Torre del Tambor y el Puente de Viento y Lluvia, los dos últimos son característicos de la residencia Dong.

La Torre del Tambor es el centro de su residencia. Las viviendas y los demás edificios están construidos alrededor de la Torre del Tambor, como si ésta fuera la luna y las demás construcciones fueran las estrellas, lo cual refleja la armonía de la naturaleza y la circulación de energías correspondientes.

Residencia de los Dong

Para los Dong, los edificios de uso público deben ser construidos por todos y demuestran una indiscutible solidaridad. Así que los materiales de construcción provienen de cada familia y la mano de obra es de los mismos vecinos del pueblo. En los edificios de uso público, tanto la Torre del Tambor como el Puente de Viento y Lluvia son construidos mediante mortajas cinceladas, sin que se utilicen clavos de hierro, cuya siginficación es demostrar la solidaridad e interconexión entre las diferentes piezas de construcción, dado que todas las piezas tales como las vigas, arcos y postes verticales han sido colocadas mediante ensamblaje. Los edificios de uso público se caracterizan por tener una estructura firme, lo cual garantiza la solidaridad y armonía entre los vecinos, y en consecuencia se logra alcanzar la  prosperidad.

El Puente de Viento y Lluvia es otro edificio emblemático de las residencias Dong. Sabiendo que a los Dong les gusta vivir cerca de los arroyos, y por la necesidad de cruzarlos diariamente, construyen puentes por todas partes. Además, la zona donde viven los Dong representa un aspecto lluvioso; para no mojarse y cruzar los arroyos fácilmente, han sido capaces de construir ¡puentes con techo!

Los puentes se construyen con madera, cuya proyección incluye aleros y dispositivos de bloqueo de azulejos. Como otros tipos de edificios públicos, las columnas y las tablas han sido diseñadas para encajar perfectamente sin utilizar clavos.

Puente de viento y lluvia

La estructura de los puentes es ingeniosa y de estilo elegante y va acompañada de techos formados por grandes árboles y adornos de pinturas que representan las escenas de los cuentos populares de los Dong, los héroes legendarios, los paisajes, los animales y las actividades durante los tiempos festivos. Por otro lado, los aspectos de la vida diaria también son retratados con pinturas de colores, como los instrumentos musicales, la caza, las actividades cotidianas de hilar, tejer, teñir y cocinar. Dentro del puente, hay unos bancos que sirven para que los transeúntes descansen, contemplando el paisaje y charlando con los amigos. La vida debajo de los puentes se ha convertido en una experiencia placentera para los Dong.

En opinión de los Dong, el Puente de Viento y Lluvia es un “puente de vida” para conectar el mundo de las tinieblas con el mundo actual, también es un “puente de bendición” para proteger a su pueblo y obtener fortuna.

Terrazas de arroz: el arte de estampar la tierra

Por tradición, los Dong se dedican a la agricultura, fundamentalmente al cultivo de arroz. Los cultivos de los Dong se caracterizan por la conservación de las terrazas en colinas. En todo el mundo, el desarrollo de este tipo de construcciones aterrazadas escalonadas tiene relación directa con la falta de terrenos de cultivos llanos, estando íntimamente ligado a períodos con una alta densidad demográfica. La creación y el uso de terrazas requiere movilizar una gran cantidad de mano de obra para su construcción y mantenimiento, lo cual termina por abandonarse una vez se reduce el crecimiento demográfico y ya no se requiere ponerlos en producción. Sin embargo, los Dong siguen cultivando en las terrazas de arroz hasta hoy en día.

las terrazas de arroz

La manera de construir las terrazas de arroz representa el amor que sienten los Dong hacia la tierra, como si fueran dibujos estampados en las colinas, todo eso refleja la armonía dentro y fuera del corazón de la gente, así como la paz, la tranquilidad y el encanto de vivir involucrando en la naturaleza.

El estilo de vida originario: un punto de mira en el proceso del desarrollo sostenible

El estilo de vida originario de los Dong se representa en todos los aspectos, tales como la interpretación musical, la vestimenta, la residencia, las actividades económicas, etc. En general, su empeño por mantener la armonía entre el ser humano y la naturaleza, el respeto hacia el mundo natural y la contribución a la solidaridad ha sido considerablemente llamativo y significativo en nuestra época, la cual desgraciadamente, está marcada por las nuevas tecnologías surgidas y la fragmentación social existente.

En definitiva, el estilo de vida originario de los Dong podrá servir como punto de interés para reflexionar sobre el desarrollo sostenible y la ecoética en este momento caracterizado por los desequilibrios entre un alto nivel de desarrollo tecnológico y la degradación del ecosistema junto con los infrenables desastres naturales.

“Debemos entre todos conservar nuestra cultura y conseguir el modo de actuar para generar un desarrollo sostenible. A lo largo de más de dos mil años, los Dong hemos mantenido nuestras costumbres intactas gracias a la solidaridad existente que promueve los sentimientos hacia el propio desarrollo de esta cultura mileraria con el fin de llegar a esta nueva época sin perder esa indentidad cultural”, dice Lulu.

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Zhao Zemei es alumna del Máster en Investigación en Periodismo: discurso y comunicación (MuiP)
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Rodrigo: sutil y sibilino

Rodrigo: sutil y sibilino

 Por Héctor Acebo

 Para Claudio Rodríguez Fer, poeta con solera

Digámoslo bien alto: Que aún hoy pasen desapercibidas muchas canciones de Rodrigo García Blanca —el alma, junto a José María Guzmán, de dos de los más grandes grupos del pop español: Solera y CRAG (Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán)— es un síntoma de nuestra preocupante bajura estética. En la parrilla televisiva, nos hemos acostumbrado a tragar repugnantes vísceras, y, al encender la emisora, tarareamos —sin ningún tipo de reservas— melodías pueriles… “Lo que no mata, te hace más fuerte”, cacarean algunos consumidores de la carnaza rosa. Recordémosles, por favor, que la insensibilidad es el caldo de cultivo de la violencia y de la misantropía.

Quienes están instalados en esa cultura del triunfo —del triunfo rápido, para más señas— difícilmente apreciarán la demorada belleza de “Rondar de madrugada”. En esa canción, Rodrigo (Sevilla, 1947) actualiza, con una inocencia abrumadora, la búsqueda de la muchacha amada en noches de ronda: “Tu calle se te parece en lo estrecha y en lo blanca, / tu calle se me parece en lo sola y en lo amarga. / Estoy rondando tu calle, estoy rondando tu casa / por ver si tengo la suerte de verte por la ventana.” En estos tiempos de vacuidad y fruslería, ¿se puede ser más romántico?

En efecto, Rodrigo es fiel a unas tradiciones que prácticamente ya han desaparecido. Incluso en el plano fonético este peculiar vocalista deja su impronta al distinguir la b de la v (letra que suele pronunciar como labiodental, no como bilabial, siguiendo las recomendaciones de varias ediciones académicas de la Gramática y de la Ortografía de los siglos XVIII, XIX y comienzos del XX).

Confieso que a mí —siendo, desde hace años, un devoto de las esplendorosas armonías vocales de CRAG— me costó un poquito entrar en las canciones del Rodrigo solista. No es de extrañar: en su escasa (e irregular) obra, este sevillano demanda la participación activa del oyente para seguir un texto pleno de delicados matices, una melodía evocadora de situaciones o sensaciones… De todos modos, el tema que mejor refleja la sinuosa escritura de Rodrigo acaso sea “Volverás”, incluido en el único disco de Solera (1973): “Eres dulce como un vino y bella como una flor, / y a mí me gusta embriagarme y a mí me gusta tu olor. / Pero eres joven, voluble… Te conviene madurar. / Y al final, con más solera, yo sé bien que volverás”. Muy pocos de nuestros escritores de canciones han rematado circularmente, con esa gracia y ese vigor, una estrofa. Aute, Sabina, Serrat, Llach y Krahe. No se me ocurren ahora mismo otros letristas estatales que hayan aportado, sin salirse de la llaneza, tan altas soluciones literarias… ¡Qué solera!

La adjetivación

 Capítulo aparte merece “Niña Luisa”, una esplendente canción incluida, al igual que “Rondar de madrugada”, en el segundo LP de Rodrigo (1980), conocido, a falta de título y dado su cariz conceptual, como el de las mujeres. En el primer tema, protagonizado por una treceañera cubana, sale a relucir toda la virtuosa alquimia lingüística del sevillano. Hablo, por ejemplo, del acierto de hacer funcionar como un adjetivo a un sustantivo: “Tiene los ojos grandes y poetas”. Valiéndose de semejante artimaña, Rodrigo logra acentuar la capacidad contemplativa (o, mejor dicho, visionaria) de la ninfa. Precisamente ese excelso modo de adjetivar emparenta al letrista con los vates, que son los principales renovadores del lenguaje. No me resisto a citar a Luis Rosales, quien, en una de sus mejores Rimas, a fin de recalcar la fragilidad de cierta mujer, también transmuta el más corriente sustantivo en un expresivo calificativo: “(…) de aquella nieve / niña como la sed, de aquella niña / vocación de llorar (…)”. Merece la pena detenerse, de vez en cuando, en estos bellísimos hallazgos líricos. ¿Existe una manera mejor de ensanchar la sensibilidad, de eternizar los más fulgorosos instantes…?

Dicho lo cual, a la hora de valorar a un hacedor de canciones pop la pregunta que nos debemos hacer es ésta: ¿Las soluciones poéticas crecen de consuno con las musicales? En contraposición con muchos cantautores, Rodrigo no ofrece dudas al respecto: es un compositor integral. Pintor del lenguaje, sí, pero también jinete de la melodía. Me viene al magín el revelador estribillo de la citada “Niña Luisa”. Las estrofas que lo preceden están envueltas —haciendo justicia a la belleza de la muchacha— por un piano estremecedor, por un lánguido acordeón y por una guitarra sinuosa. “Niña Luisa de melena negra, / sin superar la duda, a su manera, / furtivamente, calma su ansiedad”, canta, con amorosa ternura, el ex Solera. Y unos segundos más tarde —ya en el estribillo— adquiere protagonismo un teclado que, golpeado secamente, parece simular la manera de masturbarse de Luisa. Entretanto, Rodrigo pronuncia —con verdadera devoción— el nombre de esa lolita cubana. Parece evidente, en fin, que el autor explora la canción en toda su intensidad emocional. Texto y música.

Este integral universo de sensaciones alcanza su clímax en “Sólo pienso en ti” (el tema más versionado del autor y el más colorido de la obra maestra de CRAG: Señora azul, 1974), en “Linda prima” (la retranca y el despecho de Solera), en “El gato” (la pieza baudelairiana de la ópera prima del sevillano: Canciones de amor y sátira, 1975), en “Laura” y “En el sofá” (dos eróticos momentos del disco de las mujeres). Escuchando unos temas tan poliédricos y elegantes, no es difícil colegir lo siguiente: mientras otros compositores contemporáneos aducen razones, este Rodrigo desliza —a la manera de los líricos— insinuaciones. Incluso sus descripciones más profundas poseen ese cariz sugerente. Tomemos como ejemplo estos versos dedicados a la citada “Laura”: “Sutil, salada y sibilina seda, / de madrugada, en mi canción dormida”. En este precioso tema —que tantas veces he cantado últimamente— hasta el teclado garabatea formas ondulantes.

Es evidente: a este apasionado de la sensualidad (fue, si mal no recuerdo, el primer español en cantar deliberadamente al amor entre iguales, en “María y Amaranta”, 1974), a este mago de la adjetivación, a este trovador de inspiración folk pop formado en el conservatorio, a este superdotado músico de sesión y de directo (domina la guitarra, el piano, el violín, la flauta…) le han fallado las circunstancias. En la vecina Francia, un autor tan refinado como Rodrigo probablemente sería más escuchado, más leído, más reivindicado (aquí uno tiene la impresión de que sólo lo elogia la crítica)… Da pena decirlo, pero me imagino que el ex CRAG se habrá sentido más de una vez como ese melódico cantante que, en las ferias, debe competir con el estruendo de la tómbola y de los coches de choque… El propio Rodrigo confesaba al crítico musical Diego A. Manrique en 2005: “Sigo componiendo, aunque más por satisfacción personal que por necesidad profesional. Si me piden canciones, me ofrecen tratos muy raros: que firme otro artista como coautor, que su editorial gestione mis derechos. Me niego por dignidad. Eso sí, me desahogo publicando libros como El sello de la casa y Armis et litteris”. ¡Este tiempo mediocre no te merece, Rodrigo! ¡Sutil, salado y sibilino!

 

 DISCOGRAFÍA DE RODRIGO

Con The Speakers

  • The Speakers (Sello Vergara, 1965).
  • La casa del sol naciente (Discos Bambuco, 1965).
  • Tuercas, tornillos y alicates (Discos Bambuco, 1966).
  • The Speakers (Discos Bambuco, 1967).
  • En el maravilloso mundo de Ingesón (Producciones Kris, 1968).

Con Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán

  • Señora azul (Hispavox, 1974).
  • Queridos compañeros (Polygram, 1984).
  • C.R.A.G. (Polygram, 1985).
  • Gran reserva 30 años (EMI, 2005).

Con Rodrigo, Adolfo y Guzmán

  • Rodrigo, Adolfo y Guzmán (J.J. Record’s, 1994).

En solitario

  • Canciones de amor y sátira (CBS, 1975).
  • Rodrigo (MoviePlay, 1980).
  • Solera reservada (Fonomusic, 1987).
  • El jefe (sin ánimo de señalar) (autoedición, 2006)

“Linda prima”, de Rodrigo, se incluyó en el único LP de Solera (1973):

“Sólo pienso en ti” (1974), tema de Rodrigo incluido en la ópera prima de CRAG:

“Señora azul” (1974), canción de Rodrigo interpretada por CRAG:

“Laura” (1980), la pieza que abre el segundo álbum de Rodrigo:

“En el sofá” (1980), canción incluida en el disco “de las mujeres” de Rodrigo:

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En memoria de Antonio Tabucchi


En memoria de Antonio Tabucchi 

Por Antonio Dueñas

Tabucchi (1943-2012) murió hace poco en su amada Lisboa; había nacido en la Toscana italiana y tuvo dos patrias: por afecto y, sobre todo, por lengua; pues en definitiva la patria, de existir, es la lengua de cada uno y la lengua que se comparte. Tabucchi unió el portugués a su italiano de Toscana. Tenía una cátedra de literatura portuguesa en la Universidad de Siena, escribió casi siempre en italiano, pero una de sus obras más conocidas Réquiem (1991), está escrita en portugués. Dice en el prólogo que, para contar lo que quería en este libro, necesitaba una lengua distinta de la nativa.

   “En cualquier caso comprendí que no podía escribir un ‘réquiem’ en mi lengua, sino que necesitaba una lengua distinta, una lengua que fuera un lugar de afecto y, a la vez, de reflexión”.

    A veces la proximidad de las cosas, la familiaridad de la lengua esconde caminos de la reflexión, etimologías veladas, ciertas “formas de decir” cuyo trasfondo es mucho más evidente para quien ama esa lengua tras aprenderla de adulto. Con frecuencia el uso de esa “segunda lengua” facilita el trasvase natural de lo real a lo imaginado, permite el juego de inventar y soñar, pasar con naturalidad de la vida a la muerte y viceversa; como si esa segunda lengua proporcionara claves sutiles y recónditas, distintas de los procesos automáticos que se activan de manera inconsciente en la lengua materna. La “lengua aprendida” es capaz de conducir el pensamiento por senderos libres de referencias y de lastres invisibles.

 En mi opinión, todo esto se activa en Réquiem, una novela que le sirve para recuperar y cumplir episodios inconclusos, intelectuales o afectivos, de la propia vida.    Al escribir en una lengua distinta de la nativa, Tabucchi se une a escritores como Conrad o Nabokov, Svevo, Héctor Bianciotti o Blanco White.

   Su narrativa es, en portugués o en italiano, un permanente traspasar fronteras reales o imaginarias; sus personajes y sus paisajes (pese a la minuciosidad topográfica de las calles de Lisboa, por ejemplo), nos conducen siempre por caminos inciertos y misteriosos. Sus personajes siempre buscan a alguien, siempre “se buscan”, se diría; de ahí las reconstrucciones nebulosas y fragmentarias, (opuestas y contradictorias a veces), de la identidad; no por azar en su obra late siempre la presencia del heterónimo o de los heterónimos (por amor e influencia de Pessoa, como es natural); la presencia de “el juego”, como  el que se explica y desmonta en  La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (1997); “juego” es un  término ambiguo, -parece decir el autor- polisémico, acomodaticio, que encubre con frecuencia el fondo humano de entrega y simulación, de construcción y de zancadilla al interlocutor o al adversario. Este “juego literario” tan característico de su obra, lejos de acomodarse en un banal postmodernismo, encierra el compromiso de simular y señalar las formas de la verdad (falsas, aparentes, oportunistas) y manifiesta también su compromiso con la radical “integridad” de la palabra. El intelectual Tabucchi mantuvo, en este sentido, un compromiso sin concesiones que le llevó, por ejemplo, a que el gobierno de Berlusconi le demandase judicialmente (demanda que ganó él, por cierto).

   De sus libros conservo y valoro, en primer lugar, Dama de Porto Pim (1983) y Nocturno hindú (1984); en ellos la historia se desliza y se esconde, promete y desconcierta; los personajes son viajeros y soñadores, irónicos y descuidados. Pese al aparente desconcierto, el lector se deja conducir en estas historias a la búsqueda de algo que, sin ser excesivamente concreto, gira siempre en torno a la identidad y a sus múltiples formas. Sin ser sinestésico, siempre he asociado estas aventuras a la música de Erik Satie, a su velada ironía, al juego aparente, a la melancolía profunda. Cuando leí Réquiem, algunos años más tarde, me encontré con Satie en el primer capítulo.

   Me atrapó después Pequeños equívocos sin importancia (1985). Pese a lo minimalista del título, la reconstrucción de sus casi-historias resulta deslumbrante, sorprenden sus descripciones y lo desbordante de un lenguaje pletórico de insinuaciones, de ironía y de indiferencia aparente. En mi opinión constituye una de las cimas de su obra, la que se envuelve en bruma en Nocturno hindú y en Dama de Porto Pim y la más próxima a la crónica, en el sentido más borgiano, en Sostiene Pereira.

   Sostiene Pereira (1994) es la novela que casi todos conocen. La historia de este anciano periodista se ha incrustado ya en nuestra memoria asociada al rostro y al caminar grave y ligero de Marcello Mastroianni en la película de Roberto Faenza (1995). Tabucchi consigue narrar una historia  pirandelliana, en un “soporte”, se diría, de aventura desenvuelta, humorística, política y tierna. Pereira dialoga con la esposa muerta, añora al hijo que nunca tuvo, descubre de manera reflexiva la necesidad del compromiso; asumirlo todo, constatar la débil  costura entre vida y muerte le hace sonreír y caminar ligero como nunca. Por eso nos gusta tanto Sostiene Pereira.

Marcello Mastroianni en la película "Sostiene Pereira" (director: Roberto Faenza, Italia, 1995)

Si Pirandello exploró como nadie los problemas de identidad de la condición humana, en historias también irónicas pero desprovistas de contexto social y político, Tabucchi sigue la senda del maestro y añade la condición política como elemento necesario también de esa misma condición. Su obra mantiene una “unidad fragmentaria”, como –observo- fragmentarias son estas líneas en su memoria.

   Conocí a Tabucchi hace años, en Barcelona. Se estrenaba una obra suya en un teatrito underground de El Born. Su mirada era afable, acogedora e irónica, con un puntito a veces de sarcasmo: parecía un personaje salido de sus novelas.

Antonio Tabucchi

Lisboa

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Ágiles, esbeltas, intactas. Cuatro poemas de Héctor Acebo

Ágiles, esbeltas, intactas 

Por Héctor Acebo

Otto Mueller: “Tres desnudos en el bosque” (1911)

 

COSMÉTICA DE ESTRENO

Huid de la ciudad. Echaros al monte.

O dedicad una noche entera

a explorar la orilla de un arroyo.

¡Pero huid, no perdáis más el tiempo:

hay sospechas de que ese tono

rosa chicle de vuestros labios

lo conseguisteis mascando chicle!

(Madrid y Santiso, 2010-2011)

******************************

A UNA HERMOSA QUINCEAÑERA

Acércate, silenciosa.

¿Por qué cierras

cada noche la puerta

de tu cuarto?

                      Nada haría

más grave que recostar

mi cabeza sobre tus muslos:

y decirte quedamente:

—Ésta es la ocupación

más alta que puede

alcanzar un hombre.

(Santiso, septiembre de 2011)

**************************

IMPERFECCIONES

No te maquilles demasiado.

No exijas eliminar

la imperfección. Admite

una cierta imperfección

y una imperfección cierta.

(Madrid, octubre de 2011)

********************

BLANCO EN LO BLANCO

Quererte es igual

que musicar un poema.

(Madrid, diciembre de 2010)

Ernst Ludwig Kirchner: “Marcella” (1909-1910)

Héctor Acebo es poeta, escritor, periodista y estudiante del MUIP 

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